Menú

Cinco actitudes que debemos tener para lograr una buena evaluación

Cinco actitudes que debemos tener para lograr una buena evaluación

Somos promotores de muchas actividades que ayudan en la fe a nuestros jóvenes. Al planificarlas, se recomienda que separemos un espacio para llevar un proceso de evaluación luego que terminen. Para muchos, este proceso ayuda a recordar posibles disgustos, situaciones o actitudes que se llevaron durante la actividad. Pero también se deben resaltar aspectos y experiencias positivas de ese día. Es por ello, que recomendamos estas cinco actitudes para completar una evaluación efectiva:

 

Orar antes de evaluar

La oración es tan humana como respirar, comer, amar. Orar purifica. Orar hace posible la resistencia a las tentaciones. Orar fortalece en la debilidad. Orar quita el miedo, duplica las fuerzas, capacita para aguantar.
Orar hace feliz (YouCat, 470).

Las diferentes opiniones de nuestro equipo pueden traer consigo desacuerdos que se conviertan en insultos en medio de una discusión de reunión. Por tal razón, acudir al Espíritu Santo para sobrellevar la evaluación es un factor importante que fortalece las debilidades y resiste la tentación de acusar y herir. Más bien, la oración nos lleva a un ambiente tranquilo con el deseo de mejorar y perseverar sin prejuicios.

 

Escuchar desde el silencio

Al comenzar la evaluación debemos tomar en cuenta la dinámica que deseamos llevar. ¿Se evaluará por criterios o por lo que exponga cada persona? ¿Hablarán de forma voluntaria o por el orden de cómo están sentados? Establecer el desarrollo de la conversación es importante para que todos tengamos una igualdad en la participación. Pero independientemente de cómo se establezca el proceso, todos debemos asumir una actitud de escucha. Ante la exposición del otro, podemos tender a interrumpirlo para expresar nuestro desacuerdo o acuerdo y sus razones. ¡Cuidado! La mucha intervención puede resultar difícil para la persona que comunica primero, ya que se le puede olvidar la idea o sentirse abrumado por sus compañeros. Hacer silencio y escuchar, son actitudes un poco difíciles pero necesarias para una mejor exposición en la evaluación de cada integrante.

 

¡No justificarlo todo!

Hemos escuchado personas que lo justifican todo con tal de no echar culpas o asumir alguna responsabilidad directamente. Si un integrante expone: “el almuerzo no estuvo listo”, el encargado rápido se justifica diciendo que no estaba claro en el horario o en la cantidad de participantes. Estas razones pudieron ser reales, pero también se pudo tomar medidas preventivas para evitar un desajuste en la actividad. No se trata de asumir todos los errores o ser perfecto en todos los procesos, ambos extremos no son saludables para la evaluación. Pero considerar lo expuesto por un compañero tomando en cuenta los factores externos e internos, son necesarios para llevar una evaluación objetiva y sincera. Si cometimos un error, lo admitimos y pedimos disculpas de ser necesario. Esta acción fortalece la humildad y el deseo genuino de seguir progresando, reconociendo las debilidades y fortalezas en nuestro servicio.

 

Exposición con sinceridad y respeto

La idea de evaluar no es para decir únicamente “todo estuvo bonito”. Es hablar ante los criterios con sinceridad y mostrar respeto hacia todo el equipo. Canalizar nuestras ideas y compartirlas con los demás desde un ambiente tranquilo, es la mejor forma de sobrellevar una evaluación. Si callamos lo que nos incomoda y no somos realistas, tenemos el riesgo de acumular todo y “explotar” ante momentos, personas o lugares equivocados. Recordemos las funciones que también nos correspondieron en la actividad y las posibles ayudas que pudimos dar a nuestros compañeros. ¿Acaso pudimos intervenir y no lo hicimos? Busquemos ser sabio en las palabras que utilicemos, claros en nuestras opiniones y considerados con el servicio del otro. Es aquí donde se puede practicar dos obras de misericordia espirituales: corregir al que está mal y dar consejo al que no sabe.

 

No "engavetar" lo discutido

Sin duda que evaluar lleva tiempo y esfuerzo, por lo que no debemos guardar lo discutido para olvidarlo más tarde. Invitamos a que se anote y mantenga cerca las recomendaciones que bien pueden servirnos en el futuro para ofrecer un mejor servicio desde las tareas asignadas.

Sobre todo, es súper buena idea que la siguiente actividad que te reúnas a planificar, lo hagas comenzando con una revisada rápida de esta evaluación que acabas de hacer y que todos tengan ideas frescas de aquello que no funcionó bien y de aquello que fue un acierto y desde ahí comenzar a construir aquello nuevo que los convoca en esta nueva oportunidad.

Por último, la autoevaluación es un proceso que debemos llevar también. Se nos hace muy fácil señalar las debilidades y fortalezas del otro. Pero a sabiendas de que somos seres humanos y que también podemos cometer errores o lograr algo bien, puede costarnos el mirarnos a nosotros mismos. Este ejercicio ayuda en nuestro crecimiento personal e inteligencia emocional. Seamos líderes dispuestos a aprender de los procesos y evaluaciones para dar lo mejor de nosotros, por y para los jóvenes.

Déjanos tu comentario

Sobre el autor

Edna Rodríguez

Puertorriqueña. Sub Coordinadora Diocesana de Pastoral Juvenil en la Diócesis de Ponce. Encargada de las comunicaciones de la Pastoral Juvenil Diocesana. Una apasionada de los jóvenes, la música, el teatro y el mercadeo (marketing). Estudiante de Maestría (Máster) en Investigación y Evaluación Educativa.

Publicidad

Videos recientes

Cargando…

Música recomendada

Podcast

Pin It on Pinterest

Shares
Share This